PEDRO PERELMAN
Buenos Aires • 1979

Pedro Perelman es un artista visual y músico. Su obra, cargada de simbolismo y un fuerte sentido de la composición, transita entre lo figurativo y la abstracción, explorando temas como el espacio-tiempo, la circularidad y la relación entre el ser humano y la tecnología. Estudio diseño gráfico en la UBA donde trabajó como docente. Allí formó parte del colectivo artístico FASE, creado en el año 2000. Junto a este colectivo, fue parte de los comienzos de la escena del street art local y realizó exposiciones en Argentina, Brasil, Estados Unidos y Alemania, También editaron varios números de una revista que se transformó en referencia estética y visual de aquellos años, y dicha identidad gráfica también los llevó a dirigir videoclips de reconocidos productores como Madlib (EE.UU.) y a trabajar en conjunto con MTV, Nickelodeon o Adidas, entre otros.

Ha participado en muestras individuales, colectivas y festivales, tanto en Argentina como en otros países de América y Europa. Su obra aborda temas como el espacio-tiempo, la circularidad, las problemáticas modernas, el trabajo, el ser humano y las nuevas tecnologías, con un enfoque de raíces latinoamericanas muy presente en su lenguaje.

Como músico y productor, participó de manera fundacional en los proyectos FASE MIUSIC SENDER y KERMESSE (2001-2024). Con ambos editó más de ocho vinilos, varios lanzamientos digitales y un sinfin de remixes, presentándose en Argentina, Uruguay, Chile, Estados Unidos, México, Alemania, España, Portugal, Turquía, Rusia, Grecia, Líbano, Israel, Indonesia, Albania y Países Bajos, entre otros


2079
Pedro Perelman



La madera cruje. Un hombre atraviesa el portal. Se precipita por la escalera hacia un terreno desconocido
y abierto; sin embargo, sus pasos son veloces y certeros, como si ya conociera el camino, como si supiera
desde siempre hacia dónde ir. Con el brazo al frente, empuña una bandera en mutación que, o bien se
materializa, o desaparece.

¿Es este el final o el comienzo? En 2079, Pedro Perelman presenta un conjunto de obras pictóricas y escultóricas que exploran un futuro distópico en donde el trabajo, las relaciones sociales y la identidad se ven atravesados por un sinfín de derivas siniestras de la alianza forjada entre la tecnología corporativa y el capital.

En sus paradójicos escenarios sin horizonte, Perelman despliega la materia cruda de una pesadilla, en
cuyas entrañas se cocina un sopor febril y sombrío, habitado por una serie de personajes herederos de un
surrealismo remixado bajo la Cruz del Sur. Los misteriosos seres zoomorfos se mezclan con perros
callejeros robot que hurgan la basura en busca de comida, mientras que falsos profetas de neón polvoriento predican sin palabras en ánimos comatosos. El anacronismo que emerge en la superposición de referencias y ventanas corta con una perspectiva histórica lineal y nos enfrenta a una simultaneidad caótica. Este mundo es un organismo complejo e híbrido, cuyos ritmos parecieran acoplarse caprichosamente a un equilibrio oculto y absurdo.

El Trabajador, una figura recurrente en el imaginario de Perelman, ocupa una posición central y encarnada
en estas obras, en tanto su propio cuerpo se convierte en el lugar de producción de significado. Ataviado la mayoría de las veces con su característico sombrero, el Trabajador tiene una identidad ubicua, es uno y todos, miniaturizado y atareado, explotado y oprimido, monumentalizado, convertido en industria, en la
mismísima fábrica, en el año 2079. "Capital humano", sin metáfora que medie en el carácter sanguinario de este postulado. O, podríamos decir, "Capital transhumano", que consiste en la optimización tecnológica de los cuerpos humanos y no humanos mediante implantes, prótesis y modificaciones genéticas para fines meramente económicos. En Neuralink, un reciclador está interconectado a su caballo cyborg mutante de tres ojos, cuyas modificaciones, lejos de responder a la mejora de la vida de tales seres o a achicar la brecha de desigualdad, perpetúan su ominosa explotación.

Aún así, el Trabajador como figura colectiva encuentra la manera de echar a andar sus tácticas y ardidescomo fugas a este dominio tecnificado. El ladrón de paltas es un ejemplo de ello: este robot se encarga de robarlas y venderlas en la vía pública. En el humor que permea su función fáctica, se consolida una crítica implacable a las condiciones de existencia socioeconómicas, al tiempo de poner en práctica el desvío, de alterar el orden impuesto y de tramar complicidades con las máquinas en este escenario.

La madera cruje. El Trabajador vuelve a atravesar el portal. Un nuevo portal. Se precipita por la escalera
hacia un terreno desconocido y abierto; sin embargo, sus pasos son veloces y certeros, conoce el camino,  sabe hacia dónde ir. Con el brazo al frente, empuña una bandera que no es ni material ni evanescente. Un
símbolo espectral. No hay final, ni comienzo, sino intervalos. Intermitencias. Discurre por los tiempos en busca de sentido, de un atajo, de una reivindicación, sin intenciones de detenerse.

Tania Puente, mayo 2025








’’Hombre Fabrica II’’
Ceramica, madera, 34 x 22 x 30 cm  2023



Ladron de Paltas
Ceramica, madera, hierro. 117 x 90 x 52 cm  2025


Falso Profeta
Oleo sobre lienzo. 150 x 200 cm 2025



Hawaian Tropi
Epoxi y pegamento poliuretanico. 25 x 30 x 43 cm 2025



Dominatrix
Epoxi y pegamento poliuretanico. 50 x 34 x 45 cm 2025




La Gravedad del Asunto
Acrilico sobre lienzo. 70 x 100 cm 2024



Autorretrato del Futuro
Oleo sobre lienzo. 120 x 140 cm, 2024



Hombre Fabrica III
Ceramica, madera, acrilico. 33 x 37 x 16 cm 2025



Nuevo Portal 
Acrilico y Oleo sobre lienzo 80 x 80 cm, 2021


Neuralin
Epoxi madera y acrilico. 37 x 50 x 21 cm  2025