ELISA O´FARRELL 1981
Estudió en la Universidad Nacional de Artes (UNA); Licenciatura en Artes Visuales.

Adquisiciónes Institucionales :
Fundación Williams (primer premio de dibujo con la obra “¿Cómo es tu radio?” 2010).
Fundación Banco Itaú (tercer premio con la obra “Casas sin gente” 2014).
Banco Central (mención con la obra “Casas sin gente” 2015).
Fundación Alberto J. Trabucco, dependiente de la Academia Nacional de Bellas Artes. La obra fue donada al Museo Rosa Galisteo  (primer premio grabado con la obra “Un desastre manifiesto” 2022).


Adquisiciónes Privadas
Romi Levi, Paz Dubarry, Valeria Palazzo, Josefina Meixe, Florencia Pllimeni, Marie Anne Gilotaux, Patricia Rizzo, Juan Pablo Martinazzo, Alejandra Quevedo


Estudió en el Universidad Nacional de Artes (UNA); Licenciatura en Artes Visuales. Es profesora de la U.N.A en la Cátedra de Molinari en Proyectual de Pintura y la Cátedra Alvarez de Proyectual de Grabado. Premio Konex 2022. Artista visual que explora, desde distintas perspectivas, conflictos y contradicciones de la vida urbana y doméstica.Fue docente y directora artística del Taller La  Estampa en la Unidad n3  del Penal de Ezeiza (2007-2009). Fundó y fue directora del proyecto editorial Parador que funcionó en el Hogar 26 de julio (2011-2020). En el 2007 fue seleccionada para participar de Intercampos III, programa de análisis y desarrollo de proyectos de la Fundación Telefónica. En el 2005 fue seleccionada en el premio de la galería PROyecto A (2004 y 2005) y en el concurso de la Fundación E-com de Puerto Rico. En el 2008 fue premiada con el Subsidio del Fondo Metropolitano de Cultura del Gobierno de la Ciudad. En el 2010 recibió el primer premio de dibujo de la Fundación Williams de Arte Joven. En el 2013 fue seleccionada en el Premio Fundación Andreani y en la Fundación Klemm. En el 2014 recibió el tercer premio de la Fundación Banco Itaú. En el 2015 recibió una Mención adquisición del Premio del Banco Central y recibió la Beca del Fondo Nacional de las Artes. En 2017 recibió la Beca de viaje Becar del Ministerio de Cultura para realizar una residencia en Taller Siete, Medellín, Colombia. En el 2018 recibió el primer premio del Concurso Jóvenes Grabadores.  En el 2019 recibió el Premio en obras bidimensionales del Concurso del Fondo Nacional de las Artes. En el 2019 recibió el Primer Premio del Salón Nacional en la categoría de grabado y una Mención en el Premio Klemm. En el 2021 recibió el premio en obra de ArteBA 2021. En el 2022 recibió el premio 8M adquisición y el primer premio adquisición del Premio Trabucco en grabado. En 2022 recibió el Premio Konex - Diploma al Mérito en la disciplina Grabado.
Fue parte del jurado de las Becas del Fondo Nacional de las Artes (2021/24), de la Bienal de arte Joven del C.C.Recoleta, del Salón Manuel Belgrano (dibujo), del 2º Premio Nacional de Artes Visuales del Chaco y en el Salón Municipal de Paraná en grabado.

Adquisiciónes Institucionales :
Fundación Williams (primer premio de dibujo con la obra “¿Cómo es tu radio?” 2010).
Fundación Banco Itaú (tercer premio con la obra “Casas sin gente” 2014).
Banco Central (mención con la obra “Casas sin gente” 2015).
Fundación Alberto J. Trabucco, dependiente de la Academia Nacional de Bellas Artes. La obra fue donada al Museo Rosa Galisteo  (primer premio grabado con la obra “Un desastre manifiesto” 2022).


Adquisiciónes Privadas
Romi Levi, Paz Dubarry, Valeria Palazzo, Josefina Meixe, Florencia Pllimeni, Marie Anne Gilotaux, Patricia Rizzo, Juan Pablo Martinazzo, Alejandra Quevedo


Dormir sobre un volcán, Museo Marco, Bs As. 2025

Elisa O'Farrell. Dormir sobre un volcánDesde 2022, y durante varios meses, Elisa O'Farrell conversó insomne con la pantalla de sucomputadora. Durante varios días, abarrotados de noches, miró incansablemente distintasseries policiales transmitidas en la plataforma audiovisual más relevante del mundo, einquieta por el ritmo acelerado de las distintas tramas narrativas, se concentró en losmomentos de descanso de los incansables detectives protagonistas. De aquellas seriescapturó quince imágenes que trasladó a las pinturas de una manera enrarecida:desproporciones, perspectivas modificadas, colores saturados y chorreaduras inexplicables.Habituada a crear imágenes de tono realista que se relacionan lateral pero inteligentementecon la coyuntura social y política que nos atraviesa, en Dormir sobre un volcán Elisa O'Farrellhace dos movimientos novedosos para su producción. Por un lado, se acerca aún más a ladomesticidad que era central en sus series anteriores, concentrándose en el momento enque los ojos se detienen y se cierran, o al menos lo intentan: el sueño. Por otro lado, en estanueva serie O'Farrell enrarece el realismo habitual de sus imágenes, llevándolas a un bordetan enigmático como efectivo para narrar el insomnio, ese trastorno globalizado.Lo que denominamos “trastornos del sueño” es un mal endémico que acongoja a unaenorme porción de la población mundial y que tiene en los dispositivos tecnológicos unaliado endiablado, cuyo único objetivo es la captura de la atención constante, a cada hora, acada minuto, y sin importar el ciclo de luz que se desarrolle allá afuera. A fines de los añosnoventas, el CEO de Google, una compañía que apenas tenía un año de vida, declaró que elsiglo XXI sería el momento de desarrollo de la “economía de la atención” y que lascorporaciones reinantes iban a ser las que lograran dominar y controlar las horas de vigilia delas personas. Acostumbrados ya al “24/7” en que se ha convertido la producción global debienes y servicios, pero fundamentalmente de productos culturales, nos es cada vez másdifícil cerrar los ojos y detener el tiempo en un mundo visual que no deja de producircontenido engañosamente relevante. En ese contexto, dormir acrecienta ese otro trastornopsicoemocional que resulta del miedo de estar perdiéndose algo. La cultura capitalista deeste nuevo siglo eliminó las diferencias entre el mundo laboral y el mundo íntimo deldescanso, amalgamándolos en un flujo continuo de donde extraer beneficios, y donde cerrarlos ojos es, de tan díficil, una rebelión ante las máquinas de generar imágenes para elconsumo. Según Guy Debord, la sociedad del espectáculo (de la cual el entretenimientodigital hogareño es hoy su punta de lanza) es el sueño pesadillesco de una sociedad dañadaque busca dormir para recomponerse... pero no lo logra.Pero dormir no es solamente la trinchera del anticapitalismo, parafraseando a Jonatan Crary.Si el insomnio resume la dificultad de cerrar la mente y apagar los párpados ante losproblemas íntimos o las injusticias que nos exceden (como si hubiéramos introyectado latortura visual del personaje de “La naranja mecánica”), al no poder dormir también perdemosuna forma no-consciente de conexión silenciosa y pasiva con lxs otrxs. Dormir es una de laspocas actividades naturales del régimen biológico humano en donde nos abandonamos alcuidado de lxs otrxs, donde, aunque durmamos solxs, confiamos en la retícula social que nosrodea para cuidarnos. Quizás por eso no sea casual que el insomnio y el quiebre delsentimiento comunitario hayan crecido proporcionalmente.
En estas obras, las capturas de pantalla de donde O'Farrell extrae sus imágenes, son undetenimiento del flujo de la narración audiovisual. Es cierto que aquella detención esparecida a las formas en que se recuerda un sueño, por imágenes detenidas, pero el hechode poner pausa al continuo de una serie y robar de ahí la idea inicial de sus pinturas (stillsuena parecido a steal, “robar” en inglés, dice ella), no es tanto una pausa en la exuberanciaque se está consumiendo sino un paréntesis que nos recuerda que estamos constantementeinmersos en una marea de imágenes y sonidos para consumo que ya no podemos despegarde la vida no-virtual que nos rodea. La cuestión está en qué llamamos realidad en estoscontextos. Y justamente el realismo es la plataforma desde donde la artista hace su segundomovimiento, despegándose ligeramente de sus series anteriores y animándose a optar pormeter los ojos en la irrealidad que ataca los ojos en el instante liminal antes de dormir.Las imágenes hipnagógicas, pseudoalucinaciones que se desarrollan en el estado deconsciencia entre la vigilia y el sueño, son una creación visual en medio de la noche, con elcuerpo recostado, que nos mantiene en ambos lados al mismo tiempo. En ese lugar seubican las pinturas de Elisa, porque ahí se desarrollan las imágenes que pululan alrededor delos insomnes. Conjugando la quietud del still y la pintura figurativa con chorreadurasinexplicables, desproporciones elefantiásicas y vibraciones cromáticas, las obras de Dormirsobre un volcán se paran en ese punto exacto entre el sueño y la vigilia, acrecentando larealidad de la situación irreal a la que nos lleva el insomnio, balanceándose incluso entre laquietud y el movimiento. Por eso también las obras se presentan como cortinas colgantes,porque las cortinas (además de ser el espacio de escondite predilecto de lo ominoso) sonseparadores contundentes pero suaves y franqueables entre dos espacios. En un mundodonde todo pareciera ser ventanas de total exposición, las cortinas, como motivo insistenteen las obras de esta serie, protegen, resguardan y cobijan pero también encierran yclausuran. Son el límite lábil entre afuera y adentro, un límite tan frágil que sólo esequiparable al del instante en que estamos por dormirnos. En ese punto Elisa O'Farrell sedespoja de su realismo habitual y hace alucinar a sus pinturas con detalles escalofriantespara intentar arañar ese momento indescriptible e inenarrable de la noche. En un momentodel mundo en que la realidad parece un delirio de espanto del que no podemos despertarpero frente al cual tampoco podemos cerrar los ojos, me animo a creer que con estas obrasla artista inaugura un hiper-sub-realismo que usa las herramientas más palpables de lafantasía, sin perderse en ensoñaciones livianas, para evidenciar la pesadilla mundial a la queestamos arrojados.A principios de este año se hizo pública una recomendación de Netflix a sus guionistas,donde sugerían describir en los diálogos lo que se veía en las imágenes, al borde de laredundancia. Los directivos de la plataforma audiovisual descubrieron que el público ya nomira la pantalla sino que escucha mientras consume otros contenidos en sus otrosdispositivos. De ser así, las series están a punto de transformarse en imágenes verbales quediversas voces nos susurran al oído mientras nos quedamos dormidos. Las produccionesaudiovisuales ya están descorriendo la cortina que las separa del acto de dormir, están alborde de inmiscuirse en nuestros sueños. En este contexto, dormir es tan difícil como elpresente: un espanto inmóvil y un temor por lo que nos espera.
Marcos Krämer, 2025

Serie de 15 pinturas Óleo sobre tela 185 x 145 cm

En la pantalla emerge una ventana en donde tengo que indicar que no soy un robot para que comience la serie. La tragedia avanza mientras ceno sin pestañar. Congelo una escena que me llama la atención. La capturo: de fondo una cortina y delante de ella, un detective sobre una cama.

Un sujeto desapasionado mira los capítulos pasar y observa los personajes que intentan desenmascarar o revelar un hecho. Desde su cama mira una acción desenfrenada y pestañea sólo cuando la narrativa se detiene y el personaje se desploma. Ese momento se repite catorce veces. Catorce capturas de doce series de detectives transmitidas durante los últimos catorce años.

Traslado esas capturas a la tela, del tamaño pantalla al tamaño cortina. Ahora los enormes cuerpos parecen caer o incluso derretirse entre un torbellino de sábanas. Camas pintadas a partir de capas de chorreaduras, volviéndose la parte más inestable del cuadro, la más movediza. La tela lisa se vuelve una acumulación de pliegues, arrugas y texturas, con cuerpos camuflados entre ellas. Los rostros de estos detectives son inidentificables, son sus manos las que narran algún tipo de expresividad. Aprietan sus ojos fuertemente. Se aferran a la almohada para no caer. Intentan tomarse el pulso para corroborar su condición de cadáver despierto.






En Dormir sobre un volcán la cuestión de las series es un punto de partida para explorar la intimidad, la incertidumbre contemporánea y su insomnio consecuente, el borramiento de la realidad y la ficcionalización de la vida propia.
La exposición invita al espectador a sumergirse en un universo pictórico donde la frontera entre lo real y lo ficticio se desdibuja, y donde la soledad y la búsqueda de sentido se entrelazan.
Esta mirada sobre la intimidad, así como la relación con ese afuera, de O’Farrell proviene de un camino en el que la artista fue construyeno ladrillo a ladrillo en proyectos anteriores, “Casas sin gente 2016, Livings 2017, Sala de Estar 2018, Un desastre manifiesto 2019”





Cuando se cáen las paredes, Museo Sívory Buenos Aires 

Humo saliendo de un quinto piso, casas de veraneo ardiendo, hogares reducidos a cenizas, velas detonando explosiones, viviendas destruidas por el avance del fuego, casillas consumidas por las llamas, celulares estallando, colchones ardiendo, garrafas explotando. Mientras esto ocurre, una señora cocina albóndigas, una pareja se besa en la cama, una mujer sostiene una taza, un señor plancha, un niño duerme siesta, otro lee un libro, se bañan, comen y beben.

Busco hacer dialogar hechos que suceden simultáneamente: casas prendidas fuego con calmos interiores domésticos. Incendios intencionales extraídos de noticias periodísticas y hogares de historias de instagram. Fragmentos de tiempo que desaparecen de inmediato.

Al espejar estas escenas intento generar una narración que exija al espectador otra atención contemplativa. Son hechos distantes que comparten la simultaneidad del tiempo pero que puestas en diálogo esa dimensión se perturba, pueden ser el antes y el después o el interior y el exterior. Confrontadas como la página de un libro, y ajustando sus composiciones y paleta de color, aparece una linealidad, una narrativa latente. Su oposición sugiere relaciones.

Mujer con jarra de agua, Caballero que bebe, Mujer leyendo, Muchacha dormida son algunos de los títulos de pinturas de Vermeer. La referencia a la pintura de género del siglo XVII es deliberada porque potencia la sensación de temporalidad dislocada. Y ese realismo excesivo representado en pequeño formato las tiñe de un carácter inocente o ingenuo. Transitan ese límite entre el drama y la ironía, el caos y la quietud. Y es en la sumatoria de dípticos (80) en donde aparece nuevamente la tragedia, la exagerada acumulación pone fin a la sensación de azar y potencia la catástrofe.







Cuando se caen las paredes se exhibió en el año 2022 en el Museo Sivori.

Fue exhibido de forma colectiva en diferentes espacios: Centro Cultural Kirchner, Casa Nacional del Bicentenario, Fundación Klemm y  ArteBA.
En el 2023 fue seleccionada en el  premio de la Fundación Klemm.
En el 2021 recibió el premio en obra de ArteBA 2021.

En el 2021 recibió el Premio Adquisición de Artes Visuales 8M dependiente del Ministerio de Cultura de la Nación.

En el 2024 fue seleccionada por Mecenazgo Cultural del Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, con el apoyo del Banco Santender y al año siguiente por el Banco Superville, para publicar  el libro Cuando se caen las paredes.